HISTORIA
# 4
AÑORANZA
Mientras caminaba por el
parque cerca a mi casa, me encontré a don Fabio, el papá de un amigo sentado en
las frías sillas del parque, quien tenía su mirada fija hacia un automóvil negro tipo
taxi modelo 78, que un vecino tenia parqueado frente a su casa.
Cuando estuve frente a frente
con don Fabio, me di cuenta que estaba llorando, me acerqué y le pregunté qué le
pasaba, el viejo volteo a mirarme y secándose las lágrimas me dijo:
- ese fantástico carro fue mío
– en él pasé mis mejores años, conseguí lo poco que tengo, me sirvió de carruaje
para enamorar a mi esposa; ahora mirándolo a lo lejos agradezco a la vida por todo
lo bueno que en su compañía conseguí.
Yo, con algo de imprudencia le
pregunté:
¿por qué llora entonces?
El viejo Fabio, suspiró y
aclarando la voz me dijo:
- Lloro por la forma tan triste como
lo perdí, por mi incoherencia y mis vicios lo fui perdiendo poco a poco hasta
que un viernes como hoy llegó un joven con una nota que decía que si no pagaba
la deuda que tenía en la cantina del barrio de arriba, me acogiera a las
consecuencias; como usted se puede imaginar no tuve más remedio que entregar el
carro para salvar la vida de mi familia.
Ahora, que lo vuelvo a ver después
de tanto tiempo, no puedo dejar de echarme la culpa de haberlo perdido por esa tontería
del juego.
Yo, pasando saliva y con voz
entrecortada dije: Que pena don Fabio, no
era mi intención hacerlo recordar esos momentos tristes.
Tranquilo muchacho, esas
situaciones y estas lagrimas me han ayudado a limpiar mi alma y a ser una mejor
persona; y al ver que el carro se conserva todavía, me llena de orgullo haber
sido el primer conductor de taxi que llegó a este pueblo montado en ese corcel
negro.
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